Carta de Javier Hernández Aguirán

Foto de Javier Hernandez Aguiran
Conferenciante motivacional. @GrupoBCCconferenciantes y Top100 @ThinkingHeads. Periodista, diploma paralímpico y DHCausa

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Querid@ por conocer:

Soy Javier Hernández Aguirán: nací sin brazos, y con una pierna más corta que otra, en Zaragoza hace 40 años. Pudo ser mejor, no cabe duda, pero nunca me quejé, creo. No me lo permitieron y siempre lo agradeceré, de esto sí que estoy seguro. Quedaba mucho por superar y había que concentrar todas las energías en lograrlo. Como nos sucede ahora, aunque ambas situaciones no tengan nada que ver. O quizá sí… Porque con ocho o nueve años me sometieron a una operación para intentar igualarme las piernas y tuve que estar más de tres meses sin moverme de una cama. No puedo imaginar ahora cómo, pero lo hice. Por lo que ese niño me enseñó y por el cuidado de mis más cercanos, sólo puedo afrontar la cuarentena desde el mejor de los ánimos y la confianza más absoluta en que juntos lo superaremos.

Tuve la suerte de que me educaran como a uno más, primero en casa y luego también en el colegio. Con un afecto exigente que me susurraba que estarían ahí para lo que necesitase, mientras me miraban fijamente recordándome que sería sólo para lo que verdaderamente necesitase… tras haberlo intentado honesta y frecuentemente. Ésa fue la cocina imprescindible para que me comprometiese para siempre con mi 100%, fuese éste el que fuese en cada ocasión, porque siempre sería el mío y siempre sería un poco más que la vez anterior. Vivir confinados por este maldito virus, y hasta golpeados por él en tantos casos, nos obliga a una convivencia casi extrema con nuestra mejor versión. Queda aún, y no poco, pero estamos demostrando que lo vamos a lograr.

Con el irrefrenable deseo de hacer siempre todo con todos -casi siempre con los pies mientras el resto lo hacen con las manos, pero con todos-, viví una infancia de absoluta plenitud, siendo también capaz de proyectarla a la edad adulta. Con mis altibajos, claro, pero con los mismos que cualquiera, porque aquí nadie tiene superpoderes y la felicidad permanente es una utopía. Hace ya muchísimo tiempo que no tener brazos no es ni la penúltima de mis ocupaciones. 

Pude completar el ciclo escolar con los mismos compañeros sin discapacidad que me abrieron la puerta una mañana de otoño de 1983… ¡1983! Catorce años después, tras desarrollar las habilidades necesarias para seguir siempre el ritmo de cada clase -tomar apuntes sosteniendo el boli Bic con el pulgar y el índice del pie derecho, escribir los exámenes del mismo modo y en el tiempo de todos…- y acceder a la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona por haber superado la nota media demandada, por más que la ley me hubiera permitido hacerlo aprobando la entonces llamada Selectividad. Dejaba si tenías reconocido más de un 65% de discapacidad. En mi caso, se me reconoce un 90%. Me sobra tanto porcentaje que podría repartir en una improbable reventa, permítaseme la broma. Si no sabemos reírnos de nosotros mismos, nunca seremos mejores de lo que somos.

Hace ya casi veinte años que me licencié y que desempeñó mi trabajo como periodista deportivo. Durante la primera década, de manera excluyente e ininterrumpida, en Heraldo de Aragón primero y en Diario As después, mientras que en la segunda lo hago como colaborador -ahora comento los partidos del Real Zaragoza en Carrusel Deportivo Aragón- y me centro en mi faceta como conferenciante motivacional en www.delospiesalacabeza.org. donde ya he compartido esta filosofía de vida ante 30.000 personas, entre España y América Latina, desde 2013. Antes y después de esta fecha, obtuve un diploma paralímpico en los Juegos de Londres 2012, al nadar la final de los 50 metros espalda pese a no haber entrenado antes de 2009 nunca; me he titulado como entrenador de fútbol en Argentina y como director deportivo en España; y pude convertirme en el tercer europeo en obtener el permiso oficial de conducir -expedido por Tráfico- en 2015 gracias a la autoescuela Irrintzi en Basauri (Vizcaya).

Casi 600 palabras después, me doy cuenta de que intentaba escribirte una carta de ánimo y más parece un currículo personal redactado… Siento tanto rato delante del espejo ajeno. La motivación verdadera, como todo lo trascendente en esta vida, solemos buscarla fuera pero sólo la encontraremos dentro. Sirva este pudoroso paseo por momentos reseñables de mi vida como impulso y constatación de que nunca seremos capaces de todo, pero siempre lo seremos de mucho más de lo que nos creemos o de lo que terminamos creyendo, porque otros lo creen y nos reducen antes.   

Quería enviarte un corajudo abrazo del alma, como hizo Víctor Dell’Aquila en 1978 -Busca en Google: El abrazo del alma-. Todavía no es uno de celebración, de felicidad absoluta y compartida como aquél. Pero pronto lo será. Porque juntos lo superaremos… y nos lo daremos.

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