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¡Hola!

No tengo el gusto de conocerte, pero sé que no estoy escribiendo a cualquier persona.
Porque el destino es maravilloso y sé que eras tú el ser con el que debía de comunicarme hoy.
Te explico, verás:

Mucho tiempo ha pasado hasta que nos pudiéramos poner en contacto tú y yo. Eso es cierto. Tanto como marca el reloj de nuestras vidas. De la tuya y de la mía. De la de los dos. Pero el universo es sabio; y ha tenido que ser ahora. Este era el momento. Este era el lugar. Esta era la situación. De eso que no te quepa la menor duda.

Es tiempo de confinamiento. Hay un contexto adverso. Eso es verdad. Y ha llegado la hora de pasar un mal trance. De conocer nuestros límites. Para luego seguir creciendo en lo humano y en lo espiritual. A veces hay que pasarlo mal, para poder perfeccionar nuestra mejor versión humana.

Voy a contarte una cosa. Seré breve. Hace muchos años tuve accidente. Pudo pasar lo peor, pero no. No pasó. Y yo creo que no me ocurrió nada justamente para poder escribirte hoy. Y que me leas. Y que me entiendas. Y que me atiendas. Y que seas consciente de que, si sigo vivo, en buena parte, es para poder hablar contigo. De eso que no te quepa ninguna duda. Porque yo no la tengo. Yo lo tengo claro.

Sé que tú eres muy fuerte. Y, aunque ya lo sabías, o lo intuías, a partir de este momento vas a conocer tu verdadero potencial. Vas a saber la capacidad que tienes de sobreponerte ante una adversidad. Y, tan pronto como te recuperes, serás un ser tan bello (aún más), tan humano (aún más), que podrás alcanzar todas los propósitos nobles que te propongas.

Yo, por mi parte, te estoy escribiendo a ti. Justo a ti, porque ya te he dicho que es ahora nuestro tiempo. Nuestro momento. Y también porque quiero que, cuando te sobrepongas, cuando salgas a la calle y se recupere la normalidad, te valores más de lo que lo haces; y te cuides mucho más para poder cuidar mejor a los demás.

Además de todo esto que te digo, te voy a contar una segunda cosa. Es importante. Lee bien, como hasta ahora. Espero que tarde en llegar el día. Pero va a llegar, tenlo claro. Tanto como que hoy tienes en tus manos esta carta por algo más que por azar. Llegará un día en que te voy a necesitar. Y también por eso te escribo. Al final siempre nos necesitamos unos a otros. Por eso somos humanos.

Es posible entonces que pienses que cómo sabrás si soy yo al que ayudas. Y te digo que no te preocupes. Lo sabrás de la misma manera que sé yo ahora que eres tú la persona con la que debía contactar hoy.

No lo olvides. No me olvides. Hasta volver a coincidir, recibe un abrazo repleto de fuerza y energía siempre.

David Lavilla

Profesor

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