Foto de Quico Taronji
Periodista, presentador de “Aquí la Tierra”, aventurero y náufrago.

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Querida Susana, o Manuel o Rebeca o Paco.

Me dirijo a ti, quien seas. A ti, que estás ahora en algún hospital leyendo esta carta, y que también estás presente en mi cabeza, rondando de algún modo. 

No nos conocemos aún, así que permíteme que juegue a ponerte cara y a barruntar tu personalidad para que estas líneas cobren todavía más sentido. 

Seguro que tú ya lo estás haciendo. ¿Lo ves?, ya estamos jugando. 

Empezamos bien. Imagino tu olor y tus gestos, y cavilo tu sufrimiento porque me importas. Porque tú eres mi padre, mi madre y mi hermano y mi hija de seis meses al mismo tiempo. Y me importas mucho, créeme. Tú y yo jugamos en este momento a imaginarnos, pero también podemos jugar a las certezas si tú quieres.

Para mí es un reto hacerte llegar estas líneas con toda su fuerza e intención, esperando que las acojas como lo que son: palabras que están llenas de sinceridad y de ánimo, y de esa alegría de espíritu que espero que tú

mantengas.

Te aseguro que ahora mismo estoy a tu lado, diciéndote cosas, escuchando las tuyas, y los dos nos reímos con ganas porque tenemos muchas razones para hacerlo a pesar de todo. Y no me equivoco si te digo que la carga que ahora te lastra no es lo suficientemente pesada. Convéncete de que ésta no es más que otra prueba para ti. Una más. La vida nos da y nos quita a su antojo, bien lo sabes, pero el efecto que nos provocan sus maneras depende mucho de nosotros, y hoy depende de ti. No temas.

Te contaré un secreto. En el año 2013 yo estuve a punto de morir en el mar. Navegaba solo y naufragué. Mi barco se partió por la mitad durante un violento temporal. Fueron horas terribles luchando a brazo partido contra las olas de 8 metros y el viento huracanado, hasta que conseguí llegar a una playa y enterrarme en la arena para no morir de frío. ¿Sabes por qué me salvé? 

Porque no encontré una sola razón de peso para entregarme. Y estoy seguro, por lo poco que nos conocemos, que tú tampoco la encontrarás. Durante el peor momento de mi vida mantuve mi fortaleza mental intacta, y no tuve miedo porque viajaba acompañado de mis mejores aliados: honor y confianza. Te

pido que hoy los pongas en valor hasta que salgas de ese hospital. Créeme, es un ejercicio mucho más sencillo de lo que quizás pienses, porque no es necesario tener experiencia previa para este triunfo que te espera. Bueno, que nos espera, porque lo celebraremos juntos.

Tú eres el actor principal de tu película, y no éste maldito virus que pasará. Date todo el protagonismo que mereces. Modula tu actitud y piensa en todas esas cosas buenas que ya tienes, y en las que tendremos cuando dejes esa cama en la que estás. Nos conoceremos entonces. Esto es cosa de dos, y yo ya te estoy esperando.

¡Fuerza y honor!

Te quiero,

Quico

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