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Queridísimo/a hermano/a,

Aunque no te conozco, me acuerdo mucho de ti. Yo soy católico y cada día rezo por ti y tus
familiares. No tengo la respuesta de porqué vivimos esto, pero si sé que en muchos casos está
sacando un lado humano de la sociedad que hacía tiempo no vivíamos. Hay esperanza para la
humanidad.

No puedo imaginarme por lo que estarás pasando. Llevo tiempo queriendo enviarte una carta,
pero admito que mi comodidad me ha retrasado. Y por ello te pido disculpas. Quiero decirte
que, aunque estés sin acompañamiento de familiares o amigos, no estas solo/a. Somos
muchos los que pensamos en ti a diario.

Para que me reconozcas mejor y puedas visualizar quien te escribe, he pensado en contarte la
situación que vivo desde el otro lado de estas letras. Soy un chico de 32 años, felizmente
enamorado de su prometida, la cual está confinada en otra ciudad con sus padres. Tengo la
increíble suerte de tener trabajo y que este sea de la industria de primera necesidad, lo cual
hace que esté todo el día delante del ordenador y el teléfono, prácticamente. Pero mi novia
también trabaja desde casa y hablamos mucho y eso lo hace todo más ameno.

Si, ¿Quién lo diría? Nuestro amor ha crecido mucho desde el confinamiento. No es que deseara
estar separado de ella, y a pocos meses de la boda, pero somos inmensamente felices. A veces
trabajamos «juntos»; mientras estamos trabajando nos hacemos videollamada y, aun sin
hablar, nos acompañamos en el trabajo. Ayer hicimos ejercicio juntos y fue tremendamente
divertido. Soñamos con nuestra boda y nuestra vida futura juntos. Cada día para nosotros es
un regalo.

Reconozco que al principio nos costó mucho. Nos entristecía no saber cuando nos veríamos, y
eso afectaba a nuestro estado de ánimo y contagiaba nuestras conversaciones llevándonos a
varias discusiones. Pero gracias a esas discusiones hemos hablado muchas cosas y ahora las
cosas son diferentes. Casi hablamos entre 5 y 6 horas al día como si fuéramos adolescentes. Y
no se acaba la conversación! También me propuse enviarle una carta cada día de mi puño y
letra cuando llega la noche. Como soy un desastre no lo consigo cada día, pero le he escrito
varias y le hacen mucha ilusión. Como si estuviéramos separados en la guerra. Y así somos
felices y van pasando los días.

Como te decía, un regalo.

Lo que me demuestra que el verdadero amor no tiene barreras y realmente es paciente y
bondadoso. Y es el que más llena. Y Ese es el amor con que te queremos los que estamos
pensando en ti. Así que no dejes de luchar y hazlo por todos los que te quieren y quieren
volver a verte. Que no decaiga el ánimo, está todo en tu mente y tu puedes. Yo seguiré
acordándome de ti cada día para darte toda la fuerza que me sea posible.

Con cariño, recibe un abrazo,

Loren

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