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Queridos hermanos:

Hoy voy a cumplir con una de las Obras de Misericordia de las que nos enseñaron en el Catecismo en nuestra más tierna infancia y consiste en hacerte una visita virtual como enfermo que eres en estos momentos por los que está pasando el mundo.

Como en más de una de las cartas que se han enviado a este foro creado para que os sintáis recordados por los que no estamos en vuestra situación, paso a contaros algunas experiencias de mi vida por las que tengo que estar agradecido a Dios de seguir en ella y que si Él ha querido que siguiese es por algo.

Haciendo una marcha nocturna por la sierra madrileña junto con un amigo, con lluvia, niebla y nieve hasta las rodillas, encontrándonos perdidos buscando el refugio para pasar la noche, tuvimos una caída por un precipicio que nos hizo bajar algunos metros. En la caída los macutos que llevábamos se soltaron. Al ir dejando huellas en la nieve, pues eran pesados, yo le dije a mi amigo que las huellas nos iban a llevar al refugio. Mi amigo me dijo que eso solo pasaba en las películas pero aquella vez ocurrió y nuestros macutos estaban justo en el tejado del refugio.

Siendo algo mayor y con el carné de conducir recién sacado, tuve un accidente de coche con otro vehículo que se saltó un semáforo. Tanto mi madre como yo salimos despedidos, yo por la puerta de ella. Mi madre quedó a escasos centímetros de golpearse con una farola y yo di varias vueltas en la calzada llegando a perder la chaqueta. Los dos salimos misteriosamente ilesos y mi madre vivió 42 años más.

Más recientemente circulando por una autovía a velocidad considerable, acompañado por mi mujer, sin saber porque nos metimos en un banco de niebla y me quedé sin visibilidad. Mi mujer, que iba adormilada, se espabiló y antes de que yo pudiese hacerlo me dijo “pon los antinieblas”. En ese momento estábamos a unos centímetros de golpearnos con la mediana. Tal cuál había aparecido el banco de niebla desapareció y no pudimos llegar a saber qué había pasado.

En estos tres casos he visto que tenemos un Ángel de la Guarda que nos protege. Deseo que vosotros también lo tengáis.

Con esto termino mi visita virtual que deseo hubiese sido real para poder trasmitirte mi acercamiento y apoyo en estos duros momentos.

Ánimo y a vencer a ese “bicho” que por desgracia te ha llegado. Lucha por ello y pide ayuda a tu particular Ángel de la Guarda.

José Luis

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